Somos Pioneros de un Tiempo Nuevo

GABRIEL JARABA

Presidente del instituto Planetwork

Nada será igual una vez haya pasado la pandemia del Covid-19, suceda lo que suceda después y sea cual sea la dirección que tomen la sociedad y la historia.

Quedarán afectados todos los aspectos de la vida a causa de una “aceleración del tiempo” como las que acontecen en las etapas del proceso de globalización total que se inició en el año 1492. Esto es propio de los momentos históricos clave: descubrimiento de América, circunnavegación  del mundo, revolución industrial, revoluciones francesa y soviética, guerras mundiales del siglo XX.

El momento presente es uno de estos tiempos acelerados: estamos ante la primera pandemia global de la historia que afecta a la humanidad entera de arriba abajo. Nunca antes el género humano en su totalidad había estado enfermo por una misma causa. Los cambios profundos afectaran a la economía y todas los dimensiones de la vida colectiva y personal.

Que abran los ojos los desanimados, los pseudoescépticos y los que han perdido la esperanza: esa aceleración pone de nuevo en nuestras manos una oportunidad de avanzar hacia lo que siempre habíamos deseado y por lo que habíamos comenzado a luchar en un momento de nuestras vidas. Esa oportunidad fue identificada por muchos visionarios a lo largo de la historia; por Joachim de Fiore y su Edad del Espíritu, por Thomas Moore y su Utopía, por Pierre Teilhard de Chardin y su Noosfera. Por cierto que la palabra «utopía» ha sido descartada después de haber sido manoseada en exceso. No importa, yo usaré otro concepto: el Nuevo Tiempo. Acepto, con Raimon Panikkar, que el mito de la historia es el mito de occidente, y añado: precisamente por eso estamos obligados a llevar esa pertenencia al mito propio hasta las últimas consecuencias. Otra palabra manoseada es «nueva era», a la que se ha imputado ser un sincretismo bastardo y alelado, olvidando que ya los laboristas ingleses espiritualistas usaron ese concepto en el siglo XIX y con un propósito muy claro. Ahora mismo no estamos en el Milenio ni propugnamos un milenarismo consiguiente; estamos en un momento en que está sucediendo lo que no podía suceder, ante el «quinto elemento» del momento histórico de inicios del siglo XXI.

Se pone de manifiesta la extrema fragilidad de la sociedad neocapitalista y el sistema ultraliberal, salta a la vista la contradicción entre productivismo y sostenibilidad ecológica, entran en tensión la necesidad de libertad y la de seguridad, y además se siente una desazón íntima respecto a la calidad de la vida personal y de la colectiva, se aspira a unas relaciones interpersonales y sociales más gratificantes y con sentido y, en el fondo de todo, surge una vez más el interrogante sobre cómo vivir con Sentido.  Mientras esperábamos una sacudida proveniente del cambio climático hemos recibido un batacazo surgido del núcleo más íntimo de la realidad humana: el misterio de la vida y de la muerte. Pobre Greta Thunberg, que creyó que tenía que cruzar el Atlántico en un catamarán para poner de manifiesto su testimonio y su búsqueda: los tenía latentes en el mismísimo interior de su habitación particular y de cada una de las células de su cuerpo.

Un tipo listo dijo que «la historia no se repite pero rima». Yo digo «cuando la realidad quiere llamar la atención hacia lo esencial lo hace usando la paradoja y un agudo sentido del humor». Cae el andamiaje de las ciencias sociales tal como las hemos conocido y las formas ideológicas alumbradas por los siglos XIX y XX se vuelven cenizas entre nuestros dedos. No estamos ante una revolución, ni ante una etapa del progreso, sino, una vez más, estamos de pie ante la Esfinge e interpelados por su pregunta profunda, íntima y definitiva.  Condenados a ser libres, nos corresponde a cada uno de los seres humanos que poblamos la Tierra tomar en nuestras manos una decisión. Y esa decisión no es nueva, ha sido formulada por todos los sueños de libertad que el ser humano ha acariciado y que responden a la chispa interior que está en íntima correspondencia con el Punto Omega que Teilhard formuló, la Última Palabra.

No hay fórmula, no hay doctrina, no hay teoría, no hay filosofía, no hay tecnología solucionista que nos valgan. Ante la Esfinge uno está a solas con su corazón y en el centro mismo del Misterio. Y no tenemos la menor idea de qué debemos hacer o decir, pues ante la Esfinge se debe estar con las manos desnudas y los pies descalzos. ¿Qué decisión tomar?

Nada será igual pero tenemos que ganar y no debemos perder cosas importantes: la libertad, la democracia, los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad; la salvación del planeta y de la humanidad entera, la eliminación de las desigualdades, la paz y la concordia en las sociedades y entre las naciones y los grupos sociales.  La educación, la cultura, la ciencia, el conocimiento, el arte; —-. El Nuevo Tiempo no puede ser un mundo postdesértico como el mundo de Mad Max o las sociedades que alumbraron los läger, el gulag, los campos del silencio o la revolución cultural… o el cuarto mundo de la miseria inscrita en el corazón de las sociedades prósperas. Tras la deformación de la utopía se esconden monstruos como la opresión, la violencia, incluso un miserabilismo que se presenta como alternativo y es, igual que los dos anteriores, hijo del nihilismo.

La respuesta que somos llamados a dar no es un programa político, una formulación filosófica o una cosmovisión. Ni siquiera sabemos en este instante qué puede decir tal respuesta formulada en palabras. Pero hay una cosa que sí sabemos, que no podremos conocerla hasta que demos un paso adelante. Es la escena de Indiana Jones y la última cruzada cuando a Indy se le interroga acerca de a quién sirve el Grial y debe dar un paso en el vacío; solamente se abre un leve puente ante él cuando toma la decisión de dar un paso en el vació. Cada uno de nosotros deberá hallar su propia respuesta, a partir del sagrado librepensamiento, y la ignición que produzca ese movimiento surgirá de la chispa que mora en nuestro corazón.

Este es el momento de comenzar a meditar nuestra respuesta. Desde ahora el tiempo va a transcurrir muy deprisa, en esta aceleración los acontecimientos se sucederán unos a otros en cascada. No sabemos si para peor o para mejor, pero lo cierto es que nuestra acción deberá estar orientada a la mejora de las cosas. Deberemos ser capaces de trabajar para y en el Nuevo Tiempo, hacer posible que subsistan los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad y que no se retroceda a circunstancias en las que no existía su realidad ni la conciencia de su necesidad. Esto es un salto evolutivo y tenemos que estar a la altura, nada más y nada menos.

Mi propuesta actual es muy sencilla: convirtámonos todos en una red sin nombre a la cual pertenecer de modo subjetivo, pongámonos la gorra de Pioneros de un Nuevo Tiempo capaces de pensar en nuevas claves y libres de viejas ataduras. Seamos simplemente servidores del mundo, personas de buena voluntad extendida por todo el mundo. Basta con que nos mentalicemos de la pertenencia subjetiva a un grupo que no tiene organización, dirigentes ni programa pero que es consciente del salto evolutivo y de que somos custodios no solamente de la herencia de la lucha por la libertad sino responsables de la construcción de un futuro en libertad.

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