Una tarea para un Nuevo Tiempo: trabajar por una sola Humanidad

El Manifiesto Planetwork para mirar a realidad de otro modo

GABRIEL JARABA. Presidente del Instituto Planetwork

Hemos  tenido que llegar a que se produzca el ataque ruso a Ucrania para ver que estamos en una aceleración de la historia. Pudimos habernos dado cuenta en la pandemia de Covid 19 pero nos faltó perspectiva a pesar del impacto que ello supuso. Había en la enfermedad, sin embargo,  un signo indicativo de un cambio cualitativo. La pandemia es en realidad sindemia: por primera vez toda la humanidad está enferma al mismo tiempo.  Y no sólo eso, el cambio climático es igualmente una amenaza sindémica. Pero el presentismo en que vive la sociedad occidental nos impide calibrar con propiedad el kairós, la cualidad del tiempo en que vivimos, centrándonos únicamente en el cronos, la medida meramente cuantitativa del tiempo histórico que habitamos, o más bien que nos habita.

Habrá que ir aprendiendo a pensar de un modo distinto si queremos acceder al futuro que viene. Caen muchas certezas y muchos modos de mirar la realidad parecen dejar de ser válidos para dar cuenta de lo que sucede y lo que puede suceder. Muchos creemos que es necesario un nuevo paradigma, por lo menos en las ciencias sociales y humanas, para que podamos ver con claridad mediante unas gafas nuevas.

Regreso al futuro, vuelta a la pesadilla

Ahora recibimos un aldabonazo ante el que no cabe hacer oídos sordos: la amenaza de una posible guerra mundial iniciada en la mismísima Europa con el ataque armado a Ucrania y la invasión rusa, con la advertencia explícita del dictador autócrata Vladimir Putin de una ofensiva nuclear hacia las democracias europeas. De golpe regresamos a un tiempo aparente que parece una nueva guerra fría con su trasfondo psicológico: la posibilidad de un holocausto nuclear. Y de propina, el riesgo de la disposición de un nuevo telón de acero, que llegue a producir una escisión europea y vaya en contra de los largos esfuerzos que el mundo ha hecho a lo largo del siglo XX para acabar tender hacia la constitución de Una Sola Humanidad.

Toda esa ensalada de emociones e inquietudes tiene lugar en un plano estrictamente subjetivo. Ciertamente las causas de esas percepciones es objetiva pero la subjetividad con que son vividas –o imaginadas, o sospechadas—no pertenecen al plano de lo racional sino de lo mítico (y no es que lo mítico no sea racional). Cada civilización filtra su visión del mundo a través de un marco mítico determinado. Es algo que va por barrios; lo que parece absurdo a ojos de unos es factualmente firme visto por otros. Raimon Panikkar decía que solemos extrañarnos por cómo los orientales viven sus mitos expresados en relatos, sin darnos cuenta de que nuestro propio mito es la historia. Y por eso aludimos a esa por lo menos aparente aceleración de la historia para describir algo que deja de percibirse como habitual o previsible.

Resulta chocante que ese momento de aceleración sea percibido como marcha atrás. A partir de 1945 la civilización que vive en el mito de la historia (es decir, nosotros) pugna por vivir en una nueva era que deje atrás de una vez las oscuridades que llevaron a  la humanidad a la guerra total dos veces en un siglo. Los jóvenes protagonizan el inicio de una revolución cultural que culmina con la erección de los Beatles como símbolo mundial no sólo de un deseado mundo de paz y amor (véase la emisión de la BBC vía satélite de la canción All you need is love) sino de la extensión de los frutos de tal logro: armonización ecológica, confraternización entre culturas y pueblos, abandono del autoritarismo por la cooperación,  progreso de la tolerancia y extensión de la democracia, desprestigio del belicismo y de la guerra como última razón, fomento del pluralismo en la vida cotidiana, familiar, sexual y colectiva, entendimiento entre religiones, culturas y visiones del mundo, resurgimiento de una espiritualidad no institucionalizada.

Es algo paradójico: en un momento en que decayó el prestigio de la idea del progreso es cuando parecían desplegarse las posibilidades benéficas de un progreso humano que dejara atrás las oscuridades de siglos pasados, y a la vez, cuando se han atisbado las posibilidades de un progreso tangible –hacer retroceder la pandemia gracias a la combinación de ciencia y civismo— se produce la reaparición de la sinrazón bajo la forma renovada de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

La amenaza de fuerzas y dinámicas regresivas

Podemos ahora reaccionar con miedo y pesimismo. Ni siquiera eso nos liberaría de un probable bloqueo emocional o vital, porque los esquemas míticos propios de la civilización cristiana ya no cuentan con el milenarismo como vía momentánea de salida. Existen formas de miedo más manipulables por las tendencias regresivas, y sobre todo aprovechables para sus fines, como el nacionalismo en sus variadas formas. Porque es un miedo que impulsa a la acción, eso sí, a una acción beneficiosa para las tendencias regresivas que se concreta en la negación del derecho de los demás, la imposición de los hechos consumados por la fuerza y la separatividad como actitud de las personas. Y quien no siga ese miedo disfrazado –ya lo describió con precisión Erich Fromm en El miedo a la libertad— o no luche contra esa aparente nueva pero vieja conocida oscuridad, deberá quedarse paralizado como la mujer de Lot, por ceder a la tentación de mirar atrás, u ofrecer muñecas y tobillos a los grilletes de la esclavitud.

Ya no hay lugar donde esconderse. Quien no se dé cuenta de que habitamos un único planeta para una sola humanidad no entenderá cual es su papel como ser humano en este mundo. Muchos se afanan, legítimamente, en discernir el sentido de la vida. Pero también hay quienes emprenden una tarea más identificable aunque no menos ardua: completar la tarea de construir una sola humanidad.

¿Cómo tratar con este nuevo tiempo? Esa aceleración pone de nuevo en nuestras manos una oportunidad de avanzar hacia lo que siempre habíamos deseado y por lo que habíamos comenzado a luchar en un momento de nuestras vidas. Esa oportunidad fue identificada por muchos visionarios a lo largo de la historia; por Joachim de Fiore y su Edad del Espíritu, por Thomas Moore y su Utopía, por Pierre Teilhard de Chardin y su Noosfera. Y por el maestro de los tres (y el mío propio, Jesús de Nazaret: “Que todos sean uno”). Pero ahora mismo no estamos en el Milenio ni propugnamos un milenarismo consiguiente; estamos en un momento en que está sucediendo lo que no podía suceder.

Se pone de manifiesto ladebilidad de la democracia y al mismo tiempo su necesidad imperativa, salta a la vista la contradicción entre productivismo y sostenibilidad ecológica, entran en tensión la necesidad de libertad y la de seguridad, y además se siente una desazón íntima respecto a la calidad de la vida personal y de la colectiva, se aspira a unas relaciones interpersonales y sociales más gratificantes y con sentido y, en el fondo de todo, surge una vez más el interrogante sobre cómo vivir con Sentido. Lo interno y lo externo se encuentran en un punto: la necesidad de defender la democracia y la libertad, de armonizar lo individual y lo colectivo, de realizar lo personal y lo transpeersonal.

De pie ante la esfinge

 Un tipo listo dijo que «la historia no se repite pero rima». Yo digo «cuando la realidad quiere llamar la atención hacia lo esencial lo hace usando la paradoja y un agudo sentido del humor». Cae el andamiaje de las ciencias sociales tal como las hemos conocido y las formas ideológicas alumbradas por los siglos XIX y XX se vuelven cenizas entre nuestros dedos. No estamos ante una revolución, ni ante una etapa del progreso, sino, una vez más, nos encontramos de pie ante la Esfingee interpelados por su pregunta profunda, íntima y definitiva.  Condenados a ser libres, nos corresponde a cada uno de los seres humanos que poblamos la Tierra tomar en nuestras manos una decisión. Y esa decisión no es nueva, ha sido formulada por todos los sueños de libertad que el ser humano ha acariciado y que responden a la chispa interior que está en íntima correspondencia con el Punto Omega que Teilhard formuló, la Última Palabra.

No hay fórmula, no hay doctrina, no hay teoría, no hay filosofía, no hay tecnología solucionista que nos valgan. Ante la Esfinge uno está a solas con su corazón y en el centro mismo del Misterio. Y no tenemos la menor idea de qué debemos hacer o decir, pues ante la Esfinge se debe estar con las manos desnudas y los pies descalzos. ¿Qué decisión tomar?

Nada será igual pero tenemos que ganar y no debemos perder cosas importantes:la libertad, la democracia, los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad; la salvación del planeta y de la humanidad entera, la eliminación de las desigualdades, la paz y la concordia en las sociedades y entre las naciones y los grupos sociales. El Nuevo Tiempo no puede ser un lugar postdesértico como el mundo de Mad Max o las sociedades que alumbraron los läger, el gulag, los campos del silencio o la revolución cultural… o el cuarto mundo de la miseria inscrita en el corazón de las sociedades prósperas. Tras la deformación de la utopía se esconden monstruos como la opresión, la violencia, incluso un miserabilismo que se presenta como alternativo y es, igual que los dos anteriores, hijo del nihilismo. El nuevo totalitarismo amenaza a los países democráticos con la simpatía por lo menos pasiva o dubitativa de corrientes políticas que menosprecian el espacio de libertad que ha culminado en el máximo punto de desarrollo de la libertad, la prosperidad y la convivencia: la Unión Europea, el lugar al que muchos critican pero en el que todos desean vivir y de donde nadie huye.

Convirtámonos todos en una red subjetiva

Cada uno de nosotros deberá hallar su propia respuesta, a partir del sagrado librepensamiento, y la ignición que produzca ese movimiento surgirá de la chispa que mora en nuestro corazón. Este es el momento de comenzar a meditar nuestra respuesta. Desde ahora el tiempo va a transcurrir muy deprisa, en esta aceleración los acontecimientos se sucederán unos a otros en cascada. No sabemos si para peor o para mejor, pero lo cierto es que nuestra acción deberá estar orientada a la mejora de las cosas. Deberemos ser capaces de trabajar para y en el Nuevo Tiempo, hacer posible que subsistan los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad y que no se retroceda a circunstancias en las que no existía su realidad ni la conciencia de su necesidad. Esto es un salto evolutivo y tenemos que estar a la altura, nada más y nada menos.

Mi propuesta actual es muy sencilla: convirtámonos todos en una red sin nombre a la cual pertenecer de modo subjetivo, pongámonos la gorra de Pioneros de un Nuevo Tiempo capaces de pensar en nuevas claves y libres de viejas ataduras. Seamos simplemente servidores del mundo, personas de buena voluntad extendida por todo el planeta. Basta con que nos mentalicemos de la pertenencia subjetiva a un grupo que no tiene organización, dirigentes ni programa pero que es consciente del salto evolutivo y de que somos custodios no solamente de la herencia de la lucha por la libertad sino responsables de la construcción de un futuro en libertad.

Planetwork Idealab, el instituto volcado en la imaginación subjetiva de esas nuevas realidades, va a ser un grano de arena en esa construcción de un camino de ideas para el futuro. Basta con pensar con nosotros y sumarse subjetivamente al proceso de identificar ideas que pretendemos llevar a cabo. Os animamos a caminar con nosotros.